mar
2
2014

Noche lluviosa en el Refugio La Cucaracha

Pese a que éramos plenamente conscientes de los augurios meteorológicos, no fue motivo suficiente para cancelar la acampada que teníamos planeada desde hacia varias semanas. Y es que como bien dice nuestro amigo Roberto, a quien echamos mucho de menos en esta ruta, la montaña no sólo es bella cuando está bien peinada. Además, había un motivo nuevo por el que no debíamos faltar a la ruta, y es que el que escribe se marcha al extranjero de forma indefinida. Por ello, cada paso, palabra y silencio fueron salpicados con tintes de despedida.

Y Llovía.

Estuvo lloviendo durante todo el día y toda la noche. Es cierto que lo sabíamos y que íbamos preparados para el agua, pero aún así, no pudimos evitar llegar empapados, aunque unos más que otros, al Refugio de La Cucaracha.

El Refugio del Calvario, conocido popularmente como Refugio de la Cucaracha se encuentra situado en la cabecera del Genil, en la Loma del Calvario, vertiente sur. Cuenta con tres habitaciones con camastros y una más con chimenea, mesas y bancos. Acondicionado para unas 15-20 personas. Está un poco descuidado debido a que es muy frecuentado y no se aconseja usar la chimenea porque no tira bien y se llena todo de humo.

Nuestra prioridad fue encender un fuego antes de que anocheciera. Un tronco seco y bastante grande nos salvó la vida, aunque fue algo difícil encenderlo puesto que el resto de la madera estaba bastante mojada y sólo disponíamos de algunas ramas secas que, junto con el tronco, había sido dejado dentro del refugio. Posiblemente fueron los senderistas de la noche anterior, a quienes podíamos ponerles cara y nombre puesto que nos cruzamos con ellos en la subida y resultó ser un grupo de la facultad (Mar).

La noche fue divertidísima. Una acampada de lo más desenfadada. No faltó comida ni vino y, por supuesto, no faltaron risas. Tampoco faltaron las conversaciones más trascendentales que, junto al fuego y observando el aguacero que estaba cayendo tras la ventana, configuraban una situación que quedará en mi recuerdo como una despedida muy especial.

En los camastros

En los camastros

Dejó de llover al salir el Sol. Después de haber estado lloviendo durante toda la noche ya no quedaba ni una pizca de nieve. Desayunamos fuerte y bajamos acompañados, esta vez sí, por la cálida luz solar. ¡Y qué bien nos sentó!

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